Qué te voy a decir…

Publicado Por el 5 de oct de 2010 | Sin comentarios


Es difícil encontrar una sola palabra para describir lo que se te pasa por la cabeza, por el cuerpo y por el corazón cuando realizas una de las cosas que crees imprescindibles en tu vida. Algo que mucha gente no entenderá como un hito pero para mi era uno de los mayores que uno se puede plantear.

Como siempre muy bien acompañado por la persona que me plantó en la cara esta oportunidad sin permitir resistencia, dirigí mi R19 hacia el norte, hacia la olivarera provincia de Jaén. Con tiempo, sin prisas, así es como las cosas salen y saben bien. Un poco de calentamiento de garganta y se acercan las 22h, fresca y cálida noche a la vez. Todo un campo de fútbol y una enorme luna que parecía haber esperado a dar todo su esplendor en una noche especial. Una noche de esas que merecen camiseta nueva, 2 cámaras cargadas y re-revisadas y ganas de Rock & Roll.

Llega el momento y se hace de noche, ¿quién queda con otras 4000 personas para ver dibujos animados? Así es el Rock… Después de llamadas de móvil, una moto quemada y muchas carreras: se abre la puerta. Y sale uno de los más grandes del Rock Español: D. Adolfo Cabrales “El bilbaino”, Fito para los amigos y sus Fitipaldis de escuderos fieles. Suenan los primeros acordes, unos bailan y otros lloran. El césped se puso de punta al oír esa sucesión de acordes con sentimiento, esa voz que tiene fuerza pasen los años que pasen, ese saxo que hace que todo sea distinto. Y un público de todas las edades que sólo ha venido a disfrutar.

No da tiempo a contar sólo hasta 10, sino mucho más, 2h y media de CALIDAD, de música de verdad, de lo de siempre y de lo último, de los Platero, de puño y letras que no tienen una palabra vacía o una frase sin sentido. Todo encaja mágicamente, todo es perfecto. El tiempo pasa muy deprisa, ya quisieran los del Club del Gato Negro, y Fito no se quiere ir. Le gusta que le canten, que le llamen.

Todo acaba volviendo donde todo empieza, carretera pero sin manta, porque el corazón se va caliente y lleno para recordar cada canción y nunca olvidar lo que puede regalar un vil papel azul: el dinero no da la felicidad, pero se puede emplear en ser feliz aunque sea por un ratito.

Con la misma compañía se hace la vuelta y en la cabeza sólo resuena: “Otra!, otra!…

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