
Partido de redención, de lamer heridas para España, que tuvo enfrente al rival perfecto para empezar a coger confianza en este mundial que tienen bastante complicado. Hoy, victoria clara por 91-57 contra un equipo que, hay que reconocerlo, es muy inferior a la media.
Y el partido comenzaba con sustos, pues el primer cuarto estuvo muy igualado, de hecho Líbano estaba 1 punto por delante al final del primer cuarto.
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Un ejemplo perfecto de esto hemos visto esta tarde en el tercer partido del Mundobasket, que ha acabado con otra derrota de España por 73-76.
Lo más incomprensible de esta derrota ha sido la manera en la que ha transcurrido el partido. Al final del primer cuarto ganábamos de 11. Sólo Kleiza, con jugadas individuales, y algunos triples conseguían recortar mínimamente la distancia. El juego era fluido, había buenos pases, buenos tiros (a ratos) y juego hacia el poste con un gran Marc Gasol.
El segundo cuarto y tercer cuarto fueron más de lo mismo, donde llegamos a tomar hasta 18 puntos de ventaja, aunque 11 a falta del último cuarto. Todo esto tuvo una explicación, bueno, varias. Como siempre, reboteamos mal, muy mal. Hoy Lituania ha cogido 9 rebotes más que nosotros, muchos ofensivos que les han proporcionado canastas fáciles en segundas oportunidades. No entiendo como no se pone más atención en este aspecto, aunque bueno, hemos mejorado un poco en los tiros libres, se ve que no se puede tener todo…
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Bueno, parece que se ve la luz al final del camino, y España ha recuperado (en parte) su juego y sensaciones ante una más que aceptable Nueva Zelanda, que cayó derrotada 101-84.
El partido empezó con detalles que nos faltaron en el partido de Francia: más fluidez, mejor selección de tiro, más pases interiores, mejor porcentaje de tiros libres… En fin, todo distinto, otra selección.
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Por lo menos, sorprendente. El resultado del partido de ayer y su desarrollo dejan muchas dudas en las aspiraciones al título de España para este Mundial de baloncesto que acaba de arrancar en Turquía. Francia, primer rival en la fase de grupos, se llevó el partido por 72-66, mostrando muchas de las carencias de nuestra selección (y de su técnico).
El punto más palpable en los dos últimos cuartos del partido de ayer fue claro: los tiros libres. 53% no es apto para un equipo de grandísimos jugadores, ni siquiera para mediocres. Pienso que sea un error de entrenamiento, y que se debe solucionar de esta manera, pero quizás fue la preparación del mundial el momento y no ahora, donde hay muy poco tiempo entre partidos y más parches que tapar.
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80-61. El marcador del Bizkaia Arena no engaña. El equipo catalán ha sido superior de manera insultante al Real Madrid, que sufre una de sus más dolorosas derrotas ante su histórico rival.
El de hoy es el primer tropiezo serio de Messina al frente del Madrid, de los que no tienen marcha atrás. Es la tercera batalla en la que sucumben ante el Regal Barça, en el aspecto táctico, en el físico y en el tiro. En todos fue mejor el conjunto azulgrana, que pasó como un huracán por la final. Tanto que al partido le sobró la segunda parte.
La batalla pareció real en el inicio, pero fue un espejismo que duró poco. El buen arranque de Jaric, con siete puntos en el primer cuarto, sostuvo a los blancos, que fueron siempre a remolque en el marcador. El Madrid dominaba el rebote ofensivo, sí, pero las sensaciones no eran buenas. No había un buen movimiento de balón y la defensa azulgrana asfixiaba a los blancos. Algo iba a explotar en el Bizkaia Arena y Fran Vázquez se encargó de hacer prender la mecha.
Xavi Pascual ganó la batalla táctica a Messina y consiguió que Ricky estuviera en cancha cuando más daño podía hacer. Y el gallego hacía daño por dentro. Llega más alto que ninguno de sus rivales, bien para machacar, bien para barrer rebotes. Suficiente para que al descanso el partido estuviese en cuarentena, con 14 puntos de ventaja para los azulgrana.
Pero todavía quedaba más. Más recital de un Regal Barça con hambre de ganar y hacer daño. Daño moral, con una diferencia que alcanzó los 27 puntos al final del tercer cuarto. En esos momentos el Barça escenificó su superioridad absoluta y el Madrid dimitió del partido. Bajó los brazos y se deshizo ante la mirada de un desesperado Ettore Messina. La reacción era imposible, como lo es cuando hay tanta diferencia. El Madrid pareció admitirlo en la segunda mitad y sólo el coraje de Llull y Felipe Reyes evitó una sangría mayor. Ante un Barça así, es difícil hacer mucho más, pero del conjunto blanco se esperaba hoy otra cosa.
Vía | Marca.com
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